Como sabemos, los romanos no comían solo por la necesidad de comer, sino que eran dados a las grandes comilonas, de hecho, solían provocar el vómito para poder seguir comiendo, incluso se servían de instrumentos como plumas para producir el vómito.
Esta costumbres comienzan a cambiar con los cristianos, según indica Tertualiano, “Los cristianos no tienden para cenar sin antes haber dirigido una oración a Dios. Comen sólo para saciar el hambre y beben como corresponde a gentes decorosas”.
Después del dominio romano, son los visigodos los que controlan la península, estos, no aporta gran cosa a los hábitos culinarios, resulta una cocina “monótona” si bien, hay constancia de que tenían pan de distintos tipos, la carne se cocinaba también de diversas maneras, asada, cocida, frita o en salsa. Hay también constancia (San Isidoro, siglo VII) de que además de la leche, requesones, quesos y miel, daban mucha importancia al caldo (ius en latín, es decir, ley) denominad así porque “es la ley del condimento”.
Sin embargo, va ser la influencia árabe y judía, la que, con posterioridad, va a condicionar la forma de comer en España. Va a ser a partir del S.XII y XIII, la cocina andalusí y en determinadas zona la sefardí la que influya notablemente en la comida de los españoles.
